Un capítulo de mi niñez

Recuerdo cuando llegaban las vacaciones y era momento de irnos a Chiapas para visitar a los primos y tíos. Los papás de mis papás tenían tienda, recuerdo mucho llegar con mi abuela paterna y entrar a su tienda enorme (para mi lo era) vendía de todo lo que se puedan imaginar, bueno primero los tengo que poner en contexto, la tienda estaba en un pequeño pueblo llamado Miguel Aleman Valdez, mejor conocido como Jericó ya que así se llamaba la estación del ferrocarril (según tengo entendido).

Al entrar a la tienda lo primero que sentías era el olor a crema o queso si es que habían recibido o enviado por tren los tambos, luego seguía el olor a gasolina que vendían, al fondo a la izquierda recuerdo unos sombreros y sandalias, un saco de azúcar donde me gustaba meter y sacar el traste con el que servían cuando alguien llegaba a comprarla.

La tienda siempre era un buen lugar para estar de vacaciones cuando habían promociones de algo en las tapas de los refrescos, me gustaba buscar las corcholatas e intentar encontrar alguna ganadora.

Algo que nunca podré olvidar era un futbolito (foosball) que estaba en la tienda, muchas personas llegaban a jugarlo por las tardes y las retas se ponían divertidas, no recuerdo el precio del futbolito pero eso no era problema, porque lo que sí recuerdo es que teníamos la llave del candado y así sacábamos las pelotas cuantas veces queríamos.

Muchas veces la gente solo llegaba a ver el futbol y la tienda se llenaba ya que mi tío R es fiel seguidor del america, así que cada que jugaba lo ponía en la televisión o en la radio y todos ahí viendo o escuchando mientras tomaban algún refresco y galletas.

Había algunas ocasiones que mi abuelita nos mandaba al patio para agarrar una gallina para que eso comiéramos en la tarde, cada vez que eso pasaba solo me hacía el loco y la correteaba, pero jamás intente agarrarla porque me daba mucho miedo (si hoy me dicen que lo haga tampoco lo haría) así que solo estaba ahí dando apoyo moral a los primos mayores para que se alzaran en hombros y llevaran la gallina a la cocina.

Otras ocasiones parecía una eternidad estar en la tienda, no había mucho que hacer así que jugábamos a que alguien buscaba un producto en los anaqueles y tenía que decir el nombre y los otros lo tenían que ubicar y el primero que lo encontraba ganaba y decía el siguiente producto, eso también lo hacíamos en la farmacia de mi tía L que ahí si se pone emocionante intentar encontrar el ketoconazol o la flutizosina en los anaqueles.

En cada pueblo existió o existe la típica tienda donde venden de todo y es el centro de reunión por las tardes, bueno así la de mi abuelita era la tienda que tenía de todo y llegaba la gente ya que quedaba enfrente de la estación del ferrocarril.

Creo que no le hice mucha justicia a lo grande y variado de los productos que vendía pero no importa, solo quería contarles que esa tienda era “La favorita” de todos.

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